Aunque los nuevos vientos de recuperación económica han alentado a los inversores internacionales a retomar el riesgo en sus transacciones bursátiles, al mismo tiempo que la demanda de materias primas comienza a reactivarse poco a poco, no cabe duda de que la crisis ha dejado una estela de negativas consecuencias, siendo una de las más profundas el aumento de la pobreza en la región.
Según datos de la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos), el PIB de la región retrocederá un 1,7% este año
Según datos de la OEI (Organización de Estados Iberoamericanos), el PIB de la región retrocederá un 1,7% este año frente a 2008, que creció más de un 3%, lo que afectará al desempleo. De acuerdo con la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal), esto tendrá un impacto negativo sobre la pobreza en una región que ya cuenta con más de 180 millones de pobres y hay más de 70 millones de indigentes.
La secretaria ejecutiva de la institución, Alicia Bárcena, declaró durante un encuentro de expresidentes celebrado en la ciudad chilena de Santiago, en julio último, que según cálculos de la entidad, “unos cuatro millones de latinoamericanos engrosarán las filas del desempleo este año y es probable que varios millones regresen a la pobreza”. Asimismo, la ejecutiva enfatizó que la debacle económica cortó seis años de crecimiento ininterrumpido en la región, que permitieron sacar de la pobreza a cerca de 37 millones de personas. "Por eso es tanta la frustración, porque definitivamente no volveremos en forma inmediata a los niveles que teníamos antes y la recuperación económica en América Latina será lenta, demasiado lenta”, advirtió Bárcena.
Karina Olivas, profesora de la Facultad de Economía de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), explica que América Latina siempre ha estado expuesta a los vaivenes cíclicos de la economía estadounidense, debido a la alta dependencia comercial que se tiene con ese país. “La significativa reducción en la demanda de Estados Unidos impactó en la región, especialmente en las naciones exportadoras de minerales, que tuvieron que enfrentarse a la estrepitosa caída en los precios de los metales, luego de un período de continua alza en la cotización de estos commodities. Ello se tradujo en menores niveles de recaudación tributaria, vía canon y regalías mineras, ampliando el efecto de la crisis”, añade.
De igual forma, los países productores de petróleo como Venezuela y México, también experimentaron un pronunciado retroceso en sus ganancias por la venta del crudo, el cual también anotó mermas en su cotización internacional, detalla la académica.
Al desplome en el precio de las materias primas, también hay que sumar el menor volumen de exportaciones latinoamericanas a Estados Unidos, así como a otros países del mundo, aporta Víctor Salas, profesor del Departamento de Economía de la Universidad de Santiago de Chile (USACH).
La mala distribución del ingreso
Pero, además de la dependencia comercial con Estados Unidos, a juicio de Guillermo Paraje, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, hace tiempo que Latinoamérica presenta un desequilibrio que opera como un detonante de la pobreza: la mala distribución del ingreso.
Paraje señala que América Latina es la región con peor distribución del ingreso del mundo y la gran desigualdad de condiciones sociales y económicas existentes afectan el acceso de la población a la educación, la capacitación y la especialización. En síntesis, dice, “no existen estrategias para desarrollar un adecuado capital humano. En contraste, Latinoamérica continúa enfocada en la explotación de recursos naturales y cuando los precios suben, todo va bien, pero cuando éstos caen las economías de la región sufren mucho. En consecuencia, si el pastel está mal repartido y más encima crece poco, muchas personas quedan con hambre”.
Según Víctor Salas, en Chile, por ejemplo, el nivel de cesantía, por primera vez en varios años, llegó a los dos dígitos (10,8%), durante el segundo trimestre del 2009”. De hecho, recientemente la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), alertó en un informe al Gobierno de Chile, que el país era uno de los que registraba la mayor brecha en los salarios, precisando que el 10% del segmento más rico de la población tiene ingresos 29 veces superiores comparado con el 10% más pobre. Mientras que dicha brecha en las naciones que conforman la OCDE, como Alemania, España, Noruega o Japón, promedian una diferencia de sólo 9 veces.
“El informe de la OCDE es lapidario”, sentencia Germán Sanhueza, profesor de la Facultad de Administración y Economía de la USACH, acotando que “Chile tiene una de las peores distribuciones del ingreso del mundo, y efectivamente, la diferencia entre el segmento más rico y el más pobre es abismal”.
No obstante, en opinión de Diego Andrés Guevara, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Autónoma de Colombia, “esta situación no es un problema exclusivo de Chile. Las diferencias salariales y, en general, la deficiente distribución del ingreso se ha incrementado los últimos años en la región, a raíz de la desigualdad social que aún perdura en nuestros países. Y ello está aún más marcado por el género y la condición étnica”.
¿Responsabilidad del Estado o del sector privado?
José Carlos Saavedra, profesor de la Facultad de Economía de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), es categórico al señalar que la principal razón para explicar el elevado nivel de pobreza en la región es la falta de acción del Estado. “Nuestros estados fallan en proveer aquello que sólo éstos pueden ofrecer: mecanismos para igualar la oportunidad de desarrollo entre las personas, independientemente de sus condiciones sociales al nacer. No se le puede pedir al mercado que reduzca las grandes desigualdades estructurales. Éste opera bien para asignar en forma eficiente ciertos recursos que son escasos, pero no para incluir a los que no pueden participar en la oferta y la demanda. En Perú, una persona que nace en una región pobre y es de padres pobres, está prácticamente condenado a la pobreza y ello está avalado por estudios”, según describe.
De igual forma, Saavedra recalca que en la nación andina faltan adecuados sistemas de protección social. “No contamos con un seguro de desempleo o seguros de salud que protejan a la población más propensa a perder el trabajo, durante los períodos de crisis. Adicionalmente, los programas sociales en Perú son ineficaces y presentan serios problemas de articulación”.
La profesora Olivas coincide con el académico y asegura que “los Estados no han sido capaces de utilizar los mayores recursos provenientes del crecimiento económico para materializar programas que beneficien a la población. Esto lleva a un descontento que gradualmente va aumentando, y es caldo de cultivo para el estallido de cualquier conflicto político o social. Dicho descontento también tiene un impacto en lograr que la recuperación económica sea más rápida”.
En este punto, Guevara comparte la visión de los profesores, sentenciando que “en materia de políticas sociales, el modelo capitalista de tipo asistencialista que caracteriza a nuestros gobiernos, sólo ha contribuido a la institucionalización de la pobreza”.
Sin embargo, Salas rebate la opinión de los académicos y declara que “la responsabilidad de la situación de pobreza y la mala distribución de los recursos es esencialmente privada, pero el Estado puede contribuir con soluciones que permitan superar la pobreza, a través del gasto social”.
El profesor Paraje hace un alto al debate, para aclarar que “no puede hablarse de responsabilidad del Estado versus responsabilidad de los privados. La pobreza estructural o de largo plazo es consecuencia de arreglos institucionales elegidos por la misma sociedad, que incluye al Estado y al sector privado”.
Salas retoma el análisis de las causas de la pobreza y destaca que ésta está asociada, “aunque no exclusivamente, al nivel de crecimiento de la economía. Hay que recordar que la pobreza en América Latina se redujo en los últimos años, gracias a la expansión productiva que experimentaron los países de la región entre 2002 y el 2007, que implicó un aumento promedio del PIB del 3% anual. Esto se tradujo en una disminución de la pobreza del 9,9% en el período”.
Las fórmulas para superar la pobreza
“Abordar el tema de la distribución del ingreso es fundamental para derrotar a la pobreza”, asevera Guevara, añadiendo que “si bien éste es un quehacer que compete al Estado, en él también tienen incidencia las empresas privadas y el entorno internacional, específicamente las multinacionales o holdings que operan en los países latinoamericanos”.
Tal y como describe la profesora Olivas, “no es tarea del Estado crear empleos, sino propiciar las condiciones para que el sector privado pueda desarrollarse, de tal forma que éste se transforme en el principal promotor del desarrollo de la economía, y por ende, de la ciudadanía. El énfasis tiene que estar puesto en lograr el bienestar de todos los ciudadanos”.
Por eso, el profesor Saavedra propone que el Estado debe “proteger a las entidades encargadas de diseñar, implementar y aplicar las políticas sociales en cada nación, asignando personal cualificado y con incentivos para cumplir con objetivos sociales cuantificables en el tiempo. Además, los representantes estatales deben establecer metas de rendimiento académico en los colegios públicos de acuerdo a estándares internacionales, junto con abordar la desigualdad social desde las primeras etapas de vida, mediante programas de nutrición, salud, educación y becas”.
Sanhueza, por su parte, es partidario de instaurar un sistema de cualificación laboral progresivo, con participación de recursos tanto públicos como privados, “promoviendo una cultura del emprendimiento, la innovación científica y tecnológica, que permitan crear más y mejores plazas laborales, con mayor valor añadido”.
Las lecciones macroeconómicas a mantener
En tanto, el profesor Salas pone énfasis en las acciones macroeconómicas que han ayudado a los países latinoamericanos a sobrellevar la recesión económica, siendo a su juicio, una base importante para el crecimiento económico. “Pese a lo duro que ha resultado sobrellevar la crisis en la región, es un hecho que el impacto de la debacle en la economía latinoamericana ha sido menor, en comparación con otras naciones desarrolladas. Lo anterior gracias a las políticas de reactivación económica que han aplicado los gobiernos y el eficiente manejo que se ha hecho de los recursos disponibles. Definitivamente, la autoridad debe seguir por esta misma senda”.
Asimismo, añade, “las principales economías de la región como Brasil, México y Argentina muestran actualmente estabilidad institucional y política, y sus conflictos internos pueden ser manejados y superados sin mayores efectos en la economía, la sociedad y el resto de las naciones vecinas”. Paralelamente, en opinión de Salas, “las economías más pequeñas como Venezuela, Bolivia, Ecuador y Paraguay, se mantienen integradas al comercio internacional. Todo este escenario juega a favor del crecimiento económico en Latinoamérica”.
A las recomendaciones de los académicos, Wenceslao Unanue, profesor de la Escuela de Negocios de la Universidad Adolfo Ibáñez de Chile, agrega que “es sabido que el crecimiento económico y el desarrollo humano son claves para superar estos problemas. Por ello es de primordial importancia promover además la igualdad de los géneros y la autonomía de la mujer. De igual forma, hoy se ha sumado otro trascendental aspecto: la protección del medio ambiente. Si logramos trabajar en todos estos frentes, estaremos potenciando el crecimiento y el desarrollo de los países de la región, junto con contribuir a la superación de la pobreza”. Y concluye añadiendo que “no hay que olvidar que la pobreza es una condición económica, social y psicológica, por lo tanto, hay que considerar todos estos aspectos en forma integral para abordarla correctamente, siendo responsabilidad de toda la sociedad”.